Londres al revés en 7 horas

Actualizado: 23 de dic de 2020

En realidad no lo podemos considerar viaje, sino más bien un paseo por Londres, durante una escala en el vuelo de vuelta de New York.

Llegamos al aeropuerto de Gatwick por la mañana después de toda la noche en el avión. Este aeropuerto está, más o menos, donde Cristo perdió la chancla. En tren son sólo 30 minutos y tiene un servicio bastante bueno, aunque bastante caro: a nosotros nos salió unos 25€, ida y vuelta, por persona.

Lo de al revés no es nada raro, sólo que... lo que había oído siempre de Londres es que... llueve y se come mal, y nosotros comimos de lujo y nos hizo un sol espectacular.

El tren te deja en pleno centro de Londres en la Victoria Station. Lo primero que hicimos fue desayunar: nos acercamos a un curioso bar, el Café Des Negociants, construido sobre una antigua botica, que conservaba todo el mobiliario de farmacia, pero en el mostrador tenía apetecibles tartas y quiches, asi que lo probamos todo y la verdad que estaban tan buenas como parecían.

Ya con fuerzas empezamos la caminata dirección a la Abadía de Westminster, tumba de personalidades como Newton, Dickens o Darwin. Es un edificio que por sí solo te llevaría una mañana de visita, uno de los puntos que no puedes perderte de Londres, por su arquitectura y por su historia.

Desde allí vamos hacia el río donde nos encontramos con el Parlamento inglés y una manifestación en contra del Brexit, así que no pudimos entretenernos mucho, aunque he de chivaros que la vista más bonita se ve desde otro lado del río.

Antes de cruzar el río pudimos ver con todo detalle los andamios que cubrían el Big Ben; sí, estaba en obras y no se veía nada, aunque tampoco me pareció algo espectacular, pero supongo que en su día si sería muy big.

Otra parada que intentamos fue el London Eye, una noria a la orilla del Támesis, desde la que se presumen unas vistas espectaculares de toda la ciudad. Pero la cola era larguísima e íbamos a contrarreloj.

Volvemos a cruzar el Támesis y atravesamos los Jardines Victoria Embankment, un pequeño parque con un montón de esculturas interesantes e históricas como la del camello imperial.

Nos dirigimos hacia la Catedral de San Pablo, pasando por las calles más representativas de Londres, entre ellas Fleet Street, donde puedes disfrutar de los tribunales de justicia y de la estatua del dragón, que en la antigüedad marcaba los límites de Londres.

Una vez en la Catedral de San Pedro nos encontramos con que estaba cerrada. Pero merece la pena verla por fuera. Además, tiene unas curiosas esferas en las que te puedes reflejar para sacarte tu propia foto con la catedral de fondo.

Desandamos el camino para volver a la estación, pero ahora sin cambiar de orilla del río y disfrutando de las calles de Londres y también de sus mercados, pasamos por el Apple Market, mercado de comida callejera y el Jubilee Market, más tipo mercadillo de ropa.

Llegamos a la que considero la plaza más icónica de Londres, Trafalgar Square, presidida por la gran columna del Almirante Nelson y sus leones. Esta plaza propiedad de la corona Británica esta repleta de estatuas conmemorativas.

Paramos a comer, que va tocando, por una broma interna en un Grafunkel´s pedimos hamburguesas... y, obviamente, fish and chips, ¡como nos íbamos a ir sin probarlo...! y la verdad que estaba todo muy bueno.

Para terminar el día disfrutamos de un cortito paseo por St. James Park, una extensa zona verde en el centro de Londres y el palacio de Buckingham, donde no pudimos ver el cambio de guardia ya que se nos echaba el tiempo encima y había que volver al aeropuerto.



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