Murcia, ¡qué bonica eres!

Actualizado: 16 ago

Son muchos los viajes que nos han llevado a Murcia y por eso vamos a presentaros el viaje en forma de etapas.


Etapa 1

La primera empezaría en Cieza, punto ideal para el inicio si venimos desde Madrid. En Cieza lo más espectacular es el castillo, no por el castillo en sí, del que quedan tres paredes escasas y llenas de grafitis... sino por las vistas panorámicas que tienes desde la cima.

Se cuenta que gracias a su posición y a los abundantes manantiales del emplazamiento, este cerro estuvo habitado desde la Prehistoria.

El origen de este castillo es musulmán y justo debajo se situaba la Medina Siyasa, que es uno de los yacimientos musulmanes más importantes de la Península. Tras la conquista castellana se abandonó la Medina y se fundó la actual Cieza, más cerca de la huerta, y el castillo quedó solo como fortificación defensiva, aunque 200 años más tarde fue destruido y no volvió a levantarse.

Cuentan que en 1477, 20 años más tarde del abandono del castillo, unos 50.000 soldados de las huestes granadinas tomaron la ciudad la Cieza y raptaron a toda la población del lugar, siendo el episodio más importante de la localidad, que incluso aparece en su escudo que reza: “Por cruzar la puente nos dieron la muerte” y tuvo que ser repoblada por jumillanos.

Al bajar del castillo tuve la suerte de encontrarme una familia de cabras montesas a muy pocos metros.

Volvemos al parking que se sitúa en la Ermita de la Virgen del Buen Suceso.

De vuelta por Cieza damos un rápido paseo por el centro de ciudad, que da la casualidad de que se llama Calle Paseo y desde donde tienen buenas vistas de las montañas aledañas.

Lógicamente, antes de salir teníamos que alegrar la panza. Acertamos de pleno comiendo en un pequeño restaurante que se llamaba el Cenácul, un bacalao muy recomendable.

La siguiente parada es en el Parque de las Norias en Abaran. Esta tecnología data de época musulmana y se usaba para elevar el agua y regar las huertas. La noria grande en concreto, que se encuentra en este parque, es la más grande de Europa y una de las más antiguas, ya que fue construida en 1802 y sigue funcionando. Además, tienes un camino pegado al río en el que puedes visitar más norias cercanas del Segura.

Seguimos camino de Murcia y cómo no pasar por Archena y su famosa ermita muy cerca del balneario; sin embargo, estaba cerrada y no se podía acceder.

Pero bueno, ya que estamos allí aprovechamos el tiempo: hay un cerro que se ve desde cualquier punto de Archena que es el Cerro del Ope. Así que parriba que vamos. Una vez en la cima hay como un bar o centro de interpretación abandonado y un paisaje que mezcla el barro rojo y la caliza, junto con la vegetación de un clima semidesértico. También tienes vistas a toda la comarca y una ruta que pasa por allí que une distintos miradores. En este cerro de 276 metros de altura se han hallado datos de asentamientos de hace más de 4000 años.

Si está anocheciendo, un buen lugar para ver la puesta de sol es el Cristo de Monteagudo, en una colina a la entrada de Murcia.

Situada sobre el castillo del mismo nombre esta estatua, fue construida en 1926 y pagada por los ricachones de Murcia. En 1936 en plena Guerra Civil, el pueblo acordó derruirla e incluso querían que la demolición la pagasen los benefactores. El problema es que la voladura del cristo provocó que el castillo del siglo XII también se viese afectado. El actual cristo data de 1951.

Ya que estás allí, y para terminar la noche, puedes visitar el Taproom de Yakka, que pilla cerquita.



Si el alojamiento lo tenemos en La Manga (como fue en nuestro caso) os proponemos estas dos etapas:


Etapa 2. Etapa acuática desde La Manga.

Para poneros en situación, antes de nada, La Manga... está a tomar por culo de todo, da igual adónde vayas.

Es una lengua de tierra que divide dos mares, mide casi 20 kilómetros, así que cuanto más al fondo te vayas, más vacías estarán las playas, pero más tardarás luego en salir; date cuenta que si vas desde el km 18 tendrás que recorrer una calle, con sus semáforos, pasos de cebra... durante 18 km, lo que te puede llevar más de media hora salir de La Manga si no hay tráfico.

En La Manga estas entre dos mares, el mar menor, un mar calenturiento, sin olas, poca arena y muy poco profundo, que por suerte ha pegado una gran mejoría respecto a los últimos años y el Mediterráneo, un mar más revuelto, con mucha más playa y de agua más fresca.


En esta ruta recomendamos una actividad acuática para empezar el día. Empezaríamos en el pueblo de El Portus, pasado Cartagena y anclada en la reserva de Cabo Tiñoso, con kilómetros de costa virgen y sin edificar.

En este punto cogemos el Kayak, nosotros lo hicimos con la empresa Portuskayak. Es muy importante leer la información antes de ir. La verdad que fui a ciegas sin leer nada y no eché ni zapatillas, ni nada, fui como quien va a pasar el día a la playa.

Remamos unos 4 km hasta llegar a Cala Aguilar y desde allí hay que subir semiescalando hasta la cueva a la que se desciende por una tirolina, que previamente han montado los chicos de Portus.

Ya en la cueva, que tiene una cavidad enorme, puedes bajar al lago que mezcla agua dulce con agua marina y que tiene una salida al mar por un túnel de 40 metros de largo y 12 metros de profundidad, la cual descartamos para salir. Al no haber leído nada, desconocía como íbamos a conseguir salir, pero sospechaba que sería escalando, la forma ideal cuando vas en escarpines de playa y tienes vértigo. Pero bueno, hemos venido a jugar.

La verdad que la escalada era corta y fue la primera vez que me vi en la necesidad de escalar asegurado; las otras veces habían sido por necesidades del terreno, pero sin asegurar, y de verdad que lo óe ir asegurado es todo un invento... mucho mejor que sin el riesgo innecesario de morir.

Una vez fuera sólo había que descender hasta la Cala y comer los bocatas que llevábamos, para coger fuerzas y hacer el camino de vuelta en kayak, esta vez con viento en contra y gran oleaje.

A la vuelta puedes para en Calblanque, es un parque natural con diversas playas vírgenes y dunas fósiles. También está la opción de planes tierra adentro, pero no es el caso en esta etapa acuática.

En temporada alta el acceso puede ser a pie o en bus. Tiene varias calas y como todos los sitios, cuanto más andes, más a gusto estarás. La playa de Calblanque es la principal, en la que te deja el bus, pero puedes andar e irte, por ejemplo, a playa Parreño, donde estarás más tranquilo.

Otra opción es ir a las calas de Cabo de Palos. Por alguna extraña razón, quizá porque no son de arena o porque el acceso no es del todo cómodo -y que tenemos La Manga al lado-, no suelen estar concurridas.

Tienes un montón de calas, de las cuales las más visitadas son: Calafría, Las Melvas, Reona y Flores, pero en cualquiera puedes estar a gusto. Son calas óptimas para hacer snorkel, tanto por el número de seres vivos que la habitan como por la tranquilidad y visibilidad de las aguas. Puedes encontrar pulpos, erizos, gobios de fuego, jureles, doradas…

También, ya que estás allí, puedes aprovechar para subir al faro y admirar el atardecer.

Para cenar hay muchas opciones. La zona principal de restaurantes está en el puerto deportivo y a diferencia de otras zonas de playa, no es un sacacuartos para turistas.

Nosotros entramos en Miramar, luces y sombras: la comida, en general, buena; el arroz de caldero, plato típico y que debes de probar si vas a Murcia, salado en exceso. Pero lo peor son esas cositas fáciles de corregir, como la actitud: pedimos un postre y cuando trajeron el helado, sospechamos que contenía frutos secos, algo peligroso con un alérgico en el grupo; a pesar de preguntarlo, nos dijeron que "no lo creían", sin asegurar nada. Como tenemos un poco de cabeza, lo probó alguien no alérgico y sí llevaba nueces. Al decírselo, con todo el respeto del mundo y advirtiendo, por si volvía a pasar, el camarero, lejos de pedir disculpas, espetó: “Ah, pues no sé, como a mí me lo dan, yo no puedo saber qué lleva” y al intentar explicarle la gravedad de una alergia alimentaria, se puso un pelín agresivo. Con lo fácil que es pedir perdón y tomar nota para futuras situaciones, y curarte en salud a ti mismo y a tus clientes.

Así que para el postre, al final nos fuimos a ver a Sandra, una Couchsurfing cartagenera que justo trabajaba en la heladería Bico de Xeado y que nos enseñó parte de su ciudad.


En otras ocasiones hemos probado restaurantes distintos, como el Pez Rojo, con una carta un poco más escasa, pero completa y de buena calidad; quizás el servicio un poco perdido, pero el responsable de sala es muy atento y sabe llevar bien los despistes de los camareros.

Sí que echamos muy en falta la presencia de una cerveza de calidad.


Después, puedes aprovechar para ir hasta la Isla del Ciervo, una isla a la que puedes ir andando. ¿Y eso, cómo? Pues muy fácil: sales de Playa Cavanna y llegas a un pequeño pico de la playa que se adentra en el Mar Menor, desde ahí sigues un sendero subacuático entre las algas y salvo que seas muy, muy bajito, llegas sin mojarte el ombligo a la isla. Una vez allí, puedes subir a cualquiera de sus dos picos o cruzarla y llegar a la otra cara, pero al otro lado encontraras un porrón de embarcaciones recreativas que no sabemos muy bien qué buscan allí.

A pesar de que los atardeceres del Mar Menor son especiales, recomendamos verlos desde los salinares del final de La Manga, a los que se accede por el famoso Puente de la Risa. Un puente ojival de mucha altura y muy peculiar que, al subirle, da entre risa y miedo.

Hay dos versiones de este nombre. La primera es porque al subirlo con el coche el peralte es tan grande que el vacío que produce en el estómago causa risa. La segunda y más aceptada cuenta que como La Manga estaba desierta hasta 1962 y se construyó mucho, los albañiles decidieron subir el pico del puente para que mientras otros cruzaban, ellos miraban desde las obras cercanas y se reían de los saltos y sustos que daban los coches.


Etapa 3

Si hemos venido a La Manga y nos apetece un plan no acuático también tenemos opciones. La más cercana es Calblanque, que además de tener las playas, también es un parque protegido en el que puedes caminar por senderos marcados alrededor de sus playas o subir los montes para disfrutar de sus panorámicas.

Lo más destacable de esta zona es la diversidad biológica de la zona y los endemismos; en muy pocos kilómetros puedes encontrar hábitats muy distintos. Se propuso como reserva de la biosfera por la importancia de esta zona para la conservación de especies, pero como siempre, el poderoso caballero Don Dinero lo evitó, ya que fue mucho más importante el puerto de contenedores y las emisiones submarinas de aguas fecales en Cala Reona, así como otras actividades industriales de Cartagena que son incompatibles con la Reserva de la biosfera.

Un poquito más adelante encontramos la Batería de las Cenizas, una de las numerosas baterías que rodean la zona de Cartagena.

Es importante recordar que la historia de Cartagena viene definida por su estratégica posición: un puerto fácil de defender, con buenas conexiones mediterráneas y grandes recursos mineros.

Ya desde su fundación por el general Cartaginés Asdrúbal, Cartagena fue utilizada para el desembarco de tropas en las guerras púnicas. Desde entonces, la historia de Cartagena ha sido un vaivén de épocas de bonanzas, crisis y guerras, destacando en las más actuales la revolución cantonal, en pleno siglo XIX, en la que Cartagena consiguió la independencia durante 185 días e instauró normas como el divorcio, la supresión de pena de muerte o la educación laica, o la Guerra Civil, donde fue uno de los bastiones republicanos. En ambas guerras la ciudad fue prácticamente destruida.

Dicho esto, estas baterías fueron proyectadas por Primo de Rivera, pero construidas a partir del 33, con lo cual fueron usadas por el bando republicano contra las tropas franquistas.

Son verdaderas obras de arte bélico para la época, con la tecnología más puntera y solo se usaron durante la Guerra Civil. Aún puedes visitar los vestigios de los enormes cañones y en la mayoría de baterías hay carteles donde te enseñan cómo funcionaba la batería.

Desde esta batería puedes bajar al pequeño pueblo de Portman, con sus salinas y la bonita playa de arena negra.

Muy cerca también está el pueblo minero de La Unión, rodeado de minas y de edificios mineros abandonados que se pueden “visitar”. También tiene uno de los mercados más bonitos que he visto, el problema es que no tiene actividad.

Y como peculiaridad, el lago rojo de Brunita, que no es más que un lago artificial, hecho con el agua de limpiar las minas, altamente contaminada y con tonos rojizos. Actualmente se encuentra cerrado y sin ningún acceso. Pero es curioso atravesar un camino lleno de desperdicios mineros, con texturas irregulares y olores peculiares.

Seguimos el Mediterráneo para llegar a la ya mencionada Cartagena. Lo primero que te encuentras al entrar es el submarino de Isaac Peral; pero vamos, es una réplica enana en una rotonda y podemos pasar de largo sin darnos cuenta.

En ese punto, girando hacia la izquierda, llegamos a las murallas, donde tienes un parque muy verde y el monumento a Patrulla Águila de San Javier.

Al fondo se encuentra el puerto. Desde este punto es fácil ver varias de las baterías que rodean la ciudad y y comprenderás por qué su conquista por mar es tan difícil.

Desde la siguiente entrada de la muralla en línea recta llegamos al bunker museo de la Guerra Civil. Es un museo muy interesante, sobre todo por las historias que cuenta de primera mano, por testigos y víctimas de la guerra. Mención especial al panel en el que muestra dos informes de un bombardeo, uno de cada bando, y muestra cómo cambia la historia según quien la cuente.

Con la entrada te incluye el ascensor panorámico para subir al parque Torres, en el que te ahorras dar la vuelta para llegar y también la visita al castillo de la Concepción.

Está construido sobre la alcazaba musulmana, que previamente se había construido sobre un templo romano. Su origen está en el nombramiento de Cartagena como capital de la Castilla mediterránea por parte de Alfonso X El Sabio.

El castillo, hoy medio destruido, estuvo a punto de ser derruido durante la Primera República, pero Primo de Rivera decidió hacer una zona verde alrededor, conocida como Parque Torres o de los cisnes cartaginenses (llamados patos en el resto de la Península). En este parque también puedes encontrar un monumento a su fundador Asdrúbal.

Con suerte, si consigues no perderte en el laberinto del castillo (cosa que yo no conseguí y tuve que volver al ascensor e ir por la ciudad) puedes llegar al teatro romano. Este teatro que se conserva bastante bien, fue construido en el 5 A.C. y para que nos hagamos una idea de la importancia de la ciudad en esa época, tenía un aforo de 7000 personas.

Como pasa con muchos de los restos de esta época, fue descubierto por casualidad cuando iban a construir un centro de artesanía, ya que estaba oculto por diversas capas de construcciones posteriores, una de ellas correspondiente a la Catedral de Santa María la Mayor, la primera iglesia construida tras el dominio musulmán y en ruinas desde la Guerra Civil.

Continuamos la visita saliendo de las murallas y en el puerto nos encontramos con una escultura de una cola de ballena, sumergida en el agua y de tan solo 24 toneladas. Según dicen, se hace porque las ballenas son muy fácilmente observables desde Cabo de Palos y Cabo Tiñoso; hombre, fácil, fácil… os aseguro que si os quedáis una hora mirando el mar, lo más seguro es que no veáis ninguna; más bien se podría decir que es una ruta migratoria habitual.

Cerca también tenéis el único museo nacional de Murcia, Arqua, y el museo naval, que es gratuito. Aunque de momento no hemos visitado ninguno, sí me han recomendado mucho el Naval.

Para acabar la visita puedes caminar por las calles del centro y tomar una birra en el Beer Shooter, y unos michirones (guiso de habas gigantes murcianas) o algo de pescado en el Bar El Faro, un pequeño bar local a la entrada de Cartagena.

En el sur de Cartagena tenemos el faro y el fuerte de Navidad, así como la batería de Fajardo, que se encuentra en muy buenas condiciones.

Después intentamos llegar al Castillo de la Atalaya sin éxito, así que decidimos ir a la Algameca Chica, un poblado en una situación alegal, con casitas de construcción típica, que sobreviven de un antiguo pueblo pesquero y con una vida muy de pueblo.

No hay agua corriente de red, ni electricidad, pero sí dos restaurantes que según me han contado hacen las delicias de cualquiera. En el margen derecho del barranco, un musulmán con especialidad en tajines y té moruno, y a la izquierda un murciano con un caldero de campeonato.

Otra actividad que hicimos en la ciudad fue subir a otra de las baterías mejor conservadas, la batería de Roldan, a la que se accede desde el parque de Tentegorra. También visitamos la de Fajardo.



Etapa 4.

En esta ruta podemos salir desde Murcia e ir al este. La primera visita sería en la bonita Sierra de Carrascoy. Para ello vamos hasta la murta y desde allí hay que coger el camino a la sierra y aparcar donde más rabia nos dé (y sobre todo, donde no estorbemos). Una vez allí caminamos hacia la cima que más nos guste: los caminos son bastante difíciles de seguir y el atroche es la mejor forma de moverse, aunque puedes encontrarte puntos con alguna complicación técnica.

Llaman la atención los pozos de unos 2 metros de diámetro y muchísimos metros de profundidad a los que se accede por un túnel en la base de la montaña, y de cuya función no tengo ni idea; supuse que serían algún tipo de pozos de nieve.

Muy importante, pero que muy, muy importante: al volver, parar en la Tienda de Isabel y comprar embutidos (sobre todo morcón: espectacular).

Bajando hacia el sur nos encontramos otra de las sierras de Murcia, ésta más famosa: Sierra Espuña.

En mi recorrido empecé en la Santa o Santuario de Santa Eulalia. Este Santuario data de 1574 y es obra de los templarios de la Orden de Santiago.

En mi recorrido bajé hacia un mirador con una virgen y desde allí fui por detrás del santuario. Al encontrarme con una carretera, decidí girar a la izquierda, pero fue un error, ya que la mejor zona está cruzando esa carretera. Sin embargo, subí hacia la montaña, en cuyas faldas está este santuario. Sin camino y atrochando con mucho esfuerzo, llego arriba y me encuentro con la sorpresa de que justo arriba, en la otra cara, hay una urbanización.

De todas formas, el sitio merece la pena. Nos cayeron unas gotas, algo poco habitual en la zona y el olor de las plantas aromáticas del lugar, sobre todo el tomillo limonero, era delicioso.

Desde allí, nos vamos a las minas de Mazarrón; como pasa en La Unión, te encuentras con un paisaje casi marciano.

Los edificios llevan abandonados desde el 69, pero son minas explotadas desde la Edad de Bronce. La mayor razón del abandono es básicamente el agotamiento de los recursos, hierro, zinc, plomo, plata, cobre, alumbre y almagra han sido consumidos casi por completo.

Comimos allí cerquita, al tener cerrada la hostelería nos llevamos un menú de un pequeño barecito local que se llamaba Milan Magaña, comida casera y sabrosa.

Con fuerzas renovadas nos vamos al cabezo Castellar, un gran peñasco que separa dos playas, que aparte de ser un lugar con unas vistas magníficas, tiene una gran relevancia histórica. Fue un importante puerto, sobre todo en la época fenicia, ya que se han encontrado muchas piezas de cerámica de la época. También fue usado por musulmanes.

Importantes fueron los hallazgos que dan a entender que era un punto utilizado para fabricar salazones.

Después de haber disfrutado de los vientos del peñón seguimos rumbo sur, hacemos una rápida parada en la playa de los perros de Mazarrón, para que se refresquen un poco y disfrutar con otros perritos.

Continuamos la marcha para visitar las gredas de Bolnuevo. Son unas formaciones de arenisca, que combinan una arcilla compuesta de microfósiles con arena. Las formas son tan curiosas como extrañas, ya que el desgaste normal de las rocas no suele dar esas líneas tan verticales e irregulares.

Nos vamos ahora hasta el extremo sur de Murcia, hasta la Playa de los Cocedores. Sobre esta playa hay una fuerte disputa, ya que geográficamente está en Murcia, pero el mantenimiento corre a cuenta del ayuntamiento de Pulpí, Almería.

La belleza y el nombre de esta playa reside en las formaciones rocosas de alrededor, en las cuales se ubicaban dentro de unas cuevas los cocederos de esparto. Bajo mi punto de vista, la belleza se ve superada por la gran masificación del sitio, no recomendable si buscas la tranquilidad de una cala alejada.

Ya que estamos aquí, cruzamos a Pulpí para ver la Gran Geoda de Pulpí. La geoda visitable más grande del mundo, y la segunda más grande en general.

La entrada es de un precio moderado-caro, 22€, que no sería mucho, ni para quejarse, si no fuera por la práctica roñosa y rastrera que practican, en la que no te dejan hacer fotos, pero ellos si pueden hacerte fotos, con un móvil normal y corriente y que luego te venden. Esta práctica no nos ha permitido mostrar los lugares más curiosos de estas galerías mineras, como las antiguas botellas de cerveza que allí se encontraron u otras curiosidades del camino.

Es más bonito el camino y el caminar por una mina totalmente adecuada para visitantes que la geoda en sí, que también es muy interesante. En sí, la geoda es una gran roca en la que sólo puedes meter la cabeza y por dentro está llenita de cristales.

Con la entrada también tienes acceso al Castillo de San Juan de los Terreros, que más que castillo es una pequeña fortificación defensiva de 1764 sin mucho interés. Dentro y por un euro más, tienes una visita virtual a la geoda. La verdad que muy conseguida y didáctica.


Etapa 5

En esta etapa saliendo de Murcia, recorremos el suroeste de la región.

Empezamos por algo que mientras circulábamos por la carretera nos llamó poderosamente la atención: los Baños de Mula. Sinceramente, esperaba encontrarme mulas bañándose en pozas, pero no, sólo encontré los baños.

Es un pueblo lleno de baños de aguas termales, en el que la atención al público es algo muy murciano, como reza el cartel que encontré: “Pasa al patio y da una voz, Mariano te atiende.”

Después de un paseo por el pueblo me encuentro con el dueño de la terraza del pozo, una hermosa terraza, que también tiene baño y alojamiento, y me comentó un poco la historia del pueblo desde la terraza del bar, desde donde se observa las pocas ruinas que quedan de la Almagra.

Es una antigua ciudad con asentamientos desde la Prehistoria. Luego fue ocupado por íberos, fenicios, romanos y musulmanes, siendo éstos los últimos en poblarla. Luego con sus ruinas se crearon las poblaciones vecinas de Baños, Puebla y Mula. Es por eso que ya prácticamente no queda nada, aparte de que está en terreno privado y nadie se ha molestado en hacer excavaciones, a pesar de que en el pasado fue un núcleo muy importante.

Un poquito más adelante nos encontramos el Castillo de Alcalá, una de las fortificaciones más antiguas de la región. Construido en un punto estratégico en lo alto de una sima vigila hasta 10 km a la redonda.

En el pueblo más cercano tenemos uno de los mejores restaurantes de Murcia. Se llama Bar de Juanjo y está en Puebla de Mula: su cocina mezcla lo moderno y lo tradicional, y con unos precios muy económicos nos pusimos como el quico, probando un montón de cosas.

Además, los dueños te hacen sentir como en casa, una maravilla, para repetir siempre que pase cerca.

Bien embuchados tiramos pa Mula, en la que tampoco vimos mulas: resulta que el nombre es posible que venga de que un rey moro dijo que entregaría la ciudad cuando la mula pariese (las mulas son estériles, de ahí la broma) y de ahí el nombre de Mula.

La primera visita es la oficina de turismo en la que se encuentra el museo de la ciudad, de entrada gratuita y muy didáctica. Ambos se encuentran dentro del convento de San Francisco.

Un paseo por las calles de Mula también es muy recomendable y andar hasta el Real Monasterio de la Encarnación. En este lugar tienen una reliquia: una espina de la corona de Cristo. ¿Que cómo saben que justo es de esa corona? Pues eso ya... ni idea; entra y pregunta.

También visitaría la casa pintada y el museo de arte íbero.

Sin salir del pueblo no podemos dejar de visitar el Castillo de los Vélez. Este castillo corona el pueblo y es visible desde casi cualquier punto.

Está cerrado y queda poco en pie, pero las vistas desde él son una pasada; incluso tuvimos la suerte de ver acercarse una tormenta eléctrica.

A diferencia de los castillos anteriores, que eran causa de las guerras con los musulmanes, este es muy posterior y se construyó por la revuelta que los muleños hicieron contra el gobernante Pedro Fajardo y Chacón. Con este castillo pretendía la sumisión del pueblo; es más, en la época en la que se construyó no se permitía la construcción de castillos y tuvo que hacer muchos chanchullos para su construcción, entre ellas falsificar una lápida romana. No he llegado a entender muy bien por qué, pero fue de vital importancia para la construcción del castillo.

Por ultimo, dentro del término municipal de Mula, tenemos la cueva de Antón. En esta cueva se han encontrado restos que demuestran que estuvo habitada desde la Prehistoria; además, al ser muy ancha, alta y tener buena ventilación y zonas de sol y sombra y estar muy cerquita del agua... era un sitio ideal para las comunidades prehistóricas.

El problema es que al hacer el pantano esta cueva ha quedado inundada y no se puede acceder a ella.

Terminada la visita de Mula, seguimos el camino hasta Inazares, cerca de la frontera entre Murcia, Almería y Granada. El objetivo es subir el pico más alto de Murcia, que es el Pico de los Obispos, muy cerca del que se creía que era el pico más alto el de los Revolcadores, pero recientes mediciones descubrieron que no era así.

La subida es larga, sin mucha dificultad técnica, pero muy larga. La senda está marcada, aunque en muchos puntos es difícil seguir el sendero.

El paisaje alterna frondosos bosques de árboles de hoja perenne con paisajes casi marcianos.

A la vuelta y con mucho hambre puedes cenar en el restaurante del pueblo, el Nogal. Muy buena calidad en sus platos, precios moderados, pero tiene el problema que llevan a cabo ese acto delictivo que es ponerte el pan sin preguntar y cobrártelo y que ni siquiera aparezca en carta. Eso sí, al menos el pan es de buena calidad.

En el siguiente día y desde allí podemos comenzar la visita hacia la famosa ciudad de Caravaca, una ciudad con mucha historia. Está habitada desde la Prehistoria, cosa que sabemos gracias a que en la cueva negra están los hallazgos europeos más antiguos del uso del fuego.

También hay un enterramiento de 1300 personas y 50 perros, curioso dato, de hace más de 2000 años.

Posteriormente fue muy importante en la Reconquista, siendo encomendada la defensa de la ciudad a los templarios de la Orden de Santiago.

Los dos puntos más visitados de la ciudad son: la basílica de la Vera cruz, templo barroco construido sobre una iglesia medieval en la que aseguraban que se guardaba un trozo de la cruz de Cristo y el templete, otro monumento también barroco.

Otro lugar con mucho encanto que visitar y menos conocido es Cehegin. Al igual que otros puntos de la región, estuvo habitada desde hace más de 4000 años; esto es sabido por la presencia de pinturas rupestres.

Sus tierras son muy fértiles y por ello, diferentes civilizaciones se fueron sucediendo en este emplazamiento. Fue habitada por pueblos argáricos, íberos, romanos y visigodos que la llamaban Begastri.

Tras la conquista musulmana, justo en frente de esta ciudad, la tribu de los zehegíes construyeron otra ciudad, de donde nace el nombre de Cehegin.

En la Reconquista vuelve a manos cristianas y durante mucho tiempo fue una de las plazas importantes de Murcia. Todo ello se puede ver en los majestuosos edificios que existen en el pueblo, como el hospital, el palacio de los Fajardo o el ayuntamiento.

El pueblo tiene una ruta que te lleva por todos los edificios icónicos y además te los explica en distintos paneles. Puedes darte un paseíto entretenido y didáctico.

Desde allí vamos a Calasparra, la cuna del -en mi opinión- mejor arroz del mundo, sin desmerecer a otros. Es un arroz distinto, de grano gordo y que absorbe muy bien los sabores de cualquier cosa que le añadas.

Pero antes de ponernos a tragar, un poco de pateo y disfrute visual. Primero paramos en Cabezo Negro. ¿Qué es Cabezo Negro? Un volcán, sí, un volcán en Murcia, quién lo iba a pensar.

Por la ignorancia del ser humano durante mucho tiempo fue una escombrera; por suerte, ha sido recuperado. Fue un volcán submarino que debido al rápido enfriamiento de la lava se crearon unas formas peculiares.

Es pequeñito, pero puedes entrar hasta el mismo cráter del volcán.

La siguiente estación es el santuario de la Virgen de la Esperanza. Es una ermita construida sobre una gruta excavada en la roca y, según reza la leyenda, fue construida en un refugio de ganado, dado que un pastor encontró la imagen de una virgen (la pequeñica), posiblemente olvidada por algún cruzado y que, a pesar de ser muy pequeña, pesaba como una borrica tumbada. Como no pudieron moverla, hicieron el santuario sobre el refugio.

Además, el Santuario se encuentra en un meandro del río Segura, con mucha vegetación y muy fresquito para pasear o descansar del agotador calor del interior murciano.

Ahora ya sí, vamos a lo que vamos: paramos a comer en un restaurante de las afueras que se llamaba La Curva. Pedimos un plato de arroz curioso, arroz con albóndigas, y de postre, el típico pan de calatrava.

Tanto el trato como la comida fueron muy agradables; un pequeño restaurante de pueblo con comida casera, muy recomendable.

Antes de seguir el camino paramos en el pueblo de Calasparra a comprar arroz; obviamente, no nos podíamos ir sin él. También visitamos la plaza y la colorida iglesia de La Merced.

Vuelta al coche nos encontramos un cartel que nos llevaba a las salinas de la Ramona.

Unas antiguas salinas ahora abandonadas provenientes de un manantial de agua salada. Se usaron desde el año 1700 a.c y entre los siglos XVI y XVIII fue el motor económico de la ciudad, por encima incluso del arroz.

Una vez allí también dimos un paseo por la orilla del embalse de Alfonso XIII.

Seguimos con visitas fluviales y vamos hacia el Cañón de los Almadenes; fuimos por nuestra cuenta y a pie.,

Dejando el coche en la central hidroeléctrica, nos adentramos en los cañones, y tras perdernos en varias ocasiones llegamos a lo que son los cañones en sí.

Está preparado para hacer escalada y vías ferratas. No he encontrado la profundidad de los cañones, pero así, a simple vista, pueden llegar a los 50 metros.

Es impresionante ver cómo cambia el río Segura su paisaje durante el recorrido por la región.

Para terminar el día nos vamos al Desierto de Abanilla. Hay que tener cuidado porque las dunas no son de arena de sílice, sino que es algo arcillosa y al secarse puede cortar (que es lo que le pasó a Luka, que se hizo un corte en la pata y tuvimos que salir de allí antes de tiempo).



Etapa 6

En esta última etapa visitaremos la ciudad de Murcia.

Podemos empezar por el centro, en el Tontódromo, o como también lo llaman, Paseo Alfonso X el Sabio.

El curioso nombre de esta calle puede venir dado por dos razones, la primera es que era la calle donde antiguamente se paseaban los jóvenes y realizaban el cortejo, de ahí el tonteo y el nombre de la calle. La segunda y más extendida es que era la calle que los señoritos paseaban de arriba a abajo mostrando sus mejores galas, acción que se extendió en el tiempo, ya que ahora es lo mismo pero con los coches; de esa forma tonta de aparentar viene Tontódromo.

Esta calle cuenta con muchas sombras y terrazas; nosotros nos detuvimos en una de manera muy acertada, ya que tenía tapas modernas y cervezas de Yakka. Se llamaba y se llama El X capricho.

En el mismo paseo tenemos el Museo de Santa Clara, de entrada gratuita y situado en el mismo convento de las Claras. Construído en el siglo XIV sobre un alcázar musulmán del siglo previo.

Seguimos rumbo sur y llegamos al Teatro Romea, uno de los más importantes de España y el cual nunca estará lleno. ¿La razón? Este terreno fue expropiado a los dominicos y uno de ellos lanzó una maldición por la que el teatro sufriría tres incendios: el primero sin víctimas, el segundo con una víctima y el tercero, cuando estuviese lleno (en el que morirían todos). Las dos primeras se han cumplido y desde entonces el acomodador se queda la última entrada para que no se llene.

Seguimos por la Calle Trapería, que junto a Platería, son el centro histórico de la ciudad y la antigua residencia de la clase burguesa, en ella puedes ver casas-palacio como el Real Casino. Ahora mismo es un club privado y permite visitas (previo pago, claro está).

Llegamos a la Catedral. Su origen es gótico, del año 1467, pero ha sido ampliada con adjuntos de otros estilos arquitectónicos.

Es el lugar donde descansan los restos de Alfonso X.

El elemento más representativo de esta es la torre del campanario, que según los archivos mide 93 metros y 98 con veleta, que es como decir que mides 1.70 y con moño 1.80.

Nos acercamos a orillas del Segura, justo hasta donde está la sardina gorda en mitad del río. Desde este punto tenemos justo enfrente el Ayuntamiento, edificio neoclásico, con un carrillón que a las horas en punto e y media toca canciones murcianas.

También es donde da comienzo el Paseo del Malecón, que fue construido hace más de 500 años para contener las crecidas del río y desde entonces se ha usado como lugar de recreo y disfrute para los murcianicos.

Siguiendo el paseo llegamos hasta el Palacio Almudí. La palabra almudí en otras zonas es conocida como alhóndiga o depósito de grano. Este almacén público de grano se construyó en 1440 y posteriormente se usó como depósito de armas, cuartel, palacio de justicia y actualmente como sala de exposiciones (además, gratuita). Muy recomendable su visita, no sólo como sala de exposiciones, sino por el edificio en sí.

Muy cerquita hay otra sala de exposiciones gratuita, la Sala Verónicas, que es una iglesia conventual del convento de Verónicas que aloja distintas exposiciones.

Y cómo no, hay que visitar el mercado contiguo de Verónicas, el principal mercado de abastos de la ciudad.

No nos vamos del centro de la ciudad sin comer algo. Hay infinidad de sitios y paramos en un bar típico de la ciudad, el Fraskito, para tomar unas tapas, lasaña de berenjena, pulpo a la brasa al estilo murciano y empanadillas murcianas; todo muy bueno.

Ahora sí cogemos el coche y salimos de la ciudad hacia el Monasterio de los Jerónimos, sede de la actual UCAM. Es conocido como el Escorial Murciano.

En realidad no pudimos ver nada, ya que después de aparcar y pasear un poco, vino corriendo el personal de seguridad increpándonos. Cuando conseguimos que se calmara y entenderle nosotros, nos preguntó que por dónde habíamos entrado, como si nos hubiéramos colado, y cuando le dijimos que por la puerta, como las personas normales, le empezó a encajar todo. Le intentamos preguntar cuándo y cómo se puede visitar, pero no obtuvimos respuesta. Sinceramente, no sé muy bien lo que pasó, pero nos echaron de allí, así que no puedo daros más información.

La última visita fue al Santuario de Fuensanta, patrona de Murcia. Situada en un alto desde el que se observa toda Murcia y su huerta, y con infinidad de monte y cuevas que explorar. El nombre de este Santuario viene dado de una historia de hace más de 600 años en la que una virgen se le apareció a un pastor e hizo manar una fuente de agua con propiedades milagrosas. Esa fuente a día de hoy sigue existiendo y está situada un poco antes del santuario.

También, cerca de la Fuensanta, tienes ruinas de castillos e incluso de un tempo a la diosa Deméter.

Además, este lugar es uno de los mejores de la ciudad para despedir al sol.

Para terminar el día o la noche, según bajamos de Fuensanta podemos parar en un Cervemur, que son unas naves repartidas por toda Murcia que tienen un porrón de grifos de cerveza de importación a muy buenos precios.

Para dormir puedes dormir en el hotel incierto el que que no se puede entrar si la puerta está abierta.



Gordus Track

No podemos dejar de probar, en un viaje a Murcia, aparte de lo ya nombrado...

· Las marineras: Aunque a mí no me guste la ensaladilla al murciano puro le pirra, es una rosquilla de pan con ensaladilla encima y una anchoa.

· Ensalada murciana de pimiento y tomate, sobre todo cuando es con verdura de huerta propia.

· Migas murcianas: No te lo pierdas, que a pesar de tener ya la miga echa del pan, ellos la fabrican con una especie de sémola. Probadlas porque están buenísimas, pero nunca las hagáis, que eso es infernal (qué agujetas... ).Allí se comen cuando llueve, una o dos veces al año, y llevan cebolleta, pimiento y kilos y kilos de embutido variado, además de panceta.


· Paparajote: cómo no, el postre por excelencia.


Cerveza del viaje:

Cerveza basada en los viajes a Murcia y en los murcianos que aprovechan los limones hasta las últimas, cual segoviano al gorrino.

Esta cerveza es una cerveza clara y dulce, utiliza los mismos ingredientes que el paparajote, dándole un toque diferente y fresco con la hoja de limonero y la canela.

Puedes tomarla al borde de la playa, después de una larga caminata en lo alto del Pico del Obispo o en el desierto de Abanilla.

Su carácter refrescante y cítrico la convierten en una cerveza ideal para combatir el calor levantino, a la vez que endulza tu paladar.



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