top of page

Murcia, ¡qué bonica eres!

Actualizado: 2 ago 2023

Son muchos los viajes que nos han llevado a Murcia y por eso vamos a presentaros el viaje en forma de etapas.


Etapa 1

La primera empezaría en Cieza, punto ideal para el inicio si venimos desde Madrid. En Cieza lo más espectacular es el castillo, no por el castillo en sí, del que quedan tres paredes escasas y llenas de grafitis... sino por las vistas panorámicas que tienes desde la cima.

Se cuenta que gracias a su posición y a los abundantes manantiales del emplazamiento, este cerro estuvo habitado desde la Prehistoria.

El origen de este castillo es musulmán y justo debajo se situaba la Medina Siyasa, que es uno de los yacimientos musulmanes más importantes de la Península. Tras la conquista castellana se abandonó la Medina y se fundó la actual Cieza, más cerca de la huerta, y el castillo quedó solo como fortificación defensiva, aunque 200 años más tarde fue destruido y no volvió a levantarse.

Cuentan que en 1477, 20 años más tarde del abandono del castillo, unos 50.000 soldados de las huestes granadinas tomaron la ciudad la Cieza y raptaron a toda la población del lugar, siendo el episodio más importante de la localidad, que incluso aparece en su escudo que reza: “Por cruzar la puente nos dieron la muerte” y tuvo que ser repoblada por jumillanos.

Al bajar del castillo tuve la suerte de encontrarme una familia de cabras montesas a muy pocos metros.

Volvemos al parking que se sitúa en la Ermita de la Virgen del Buen Suceso.

De vuelta por Cieza damos un rápido paseo por el centro de ciudad, que da la casualidad de que se llama Calle Paseo y desde donde tienen buenas vistas de las montañas aledañas.

Lógicamente, antes de salir teníamos que alegrar la panza. Acertamos de pleno comiendo en un pequeño restaurante que se llamaba el Cenácul, un bacalao muy recomendable.

La siguiente parada es en el Parque de las Norias en Abaran. Esta tecnología data de época musulmana y se usaba para elevar el agua y regar las huertas. La noria grande en concreto, que se encuentra en este parque, es la más grande de Europa y una de las más antiguas, ya que fue construida en 1802 y sigue funcionando. Además, tienes un camino pegado al río en el que puedes visitar más norias cercanas del Segura.

Seguimos camino de Murcia y cómo no pasar por Archena y su famosa ermita muy cerca del balneario; sin embargo, estaba cerrada y no se podía acceder.

Pero bueno, ya que estamos allí aprovechamos el tiempo: hay un cerro que se ve desde cualquier punto de Archena que es el Cerro del Ope. Así que parriba que vamos. Una vez en la cima hay como un bar o centro de interpretación abandonado y un paisaje que mezcla el barro rojo y la caliza, junto con la vegetación de un clima semidesértico. También tienes vistas a toda la comarca y una ruta que pasa por allí que une distintos miradores. En este cerro de 276 metros de altura se han hallado datos de asentamientos de hace más de 4000 años.

Si está anocheciendo, un buen lugar para ver la puesta de sol es el Cristo de Monteagudo, en una colina a la entrada de Murcia.

Situada sobre el castillo del mismo nombre esta estatua, fue construida en 1926 y pagada por los ricachones de Murcia. En 1936 en plena Guerra Civil, el pueblo acordó derruirla e incluso querían que la demolición la pagasen los benefactores. El problema es que la voladura del cristo provocó que el castillo del siglo XII también se viese afectado. El actual cristo data de 1951.

Ya que estás allí, y para terminar la noche, puedes visitar el Taproom de Yakka, que pilla cerquita.



Si el alojamiento lo tenemos en La Manga (como fue en nuestro caso) os proponemos estas dos etapas:


Etapa 2. Etapa acuática desde La Manga.

Para poneros en situación, antes de nada, La Manga... está a tomar por culo de todo, da igual adónde vayas.

Es una lengua de tierra que divide dos mares, mide casi 20 kilómetros, así que cuanto más al fondo te vayas, más vacías estarán las playas, pero más tardarás luego en salir; date cuenta que si vas desde el km 18 tendrás que recorrer una calle, con sus semáforos, pasos de cebra... durante 18 km, lo que te puede llevar más de media hora salir de La Manga si no hay tráfico.

En La Manga estas entre dos mares, el mar menor, un mar calenturiento, sin olas, poca arena y muy poco profundo, que por suerte ha pegado una gran mejoría respecto a los últimos años y el Mediterráneo, un mar más revuelto, con mucha más playa y de agua más fresca.


En esta ruta recomendamos una actividad acuática para empezar el día. Empezaríamos en el pueblo de El Portus, pasado Cartagena y anclada en la reserva de Cabo Tiñoso, con kilómetros de costa virgen y sin edificar.

En este punto cogemos el Kayak, nosotros lo hicimos con la empresa Portuskayak. Es muy importante leer la información antes de ir. La verdad que fui a ciegas sin leer nada y no eché ni zapatillas, ni nada, fui como quien va a pasar el día a la playa.

Remamos unos 4 km hasta llegar a Cala Aguilar y desde allí hay que subir semiescalando hasta la cueva a la que se desciende por una tirolina, que previamente han montado los chicos de Portus.

Ya en la cueva, que tiene una cavidad enorme, puedes bajar al lago que mezcla agua dulce con agua marina y que tiene una salida al mar por un túnel de 40 metros de largo y 12 metros de profundidad, la cual descartamos para salir. Al no haber leído nada, desconocía como íbamos a conseguir salir, pero sospechaba que sería escalando, la forma ideal cuando vas en escarpines de playa y tienes vértigo. Pero bueno, hemos venido a jugar.

La verdad que la escalada era corta y fue la primera vez que me vi en la necesidad de escalar asegurado; las otras veces habían sido por necesidades del terreno, pero sin asegurar, y de verdad que lo óe ir asegurado es todo un invento... mucho mejor que sin el riesgo innecesario de morir.

Una vez fuera sólo había que descender hasta la Cala y comer los bocatas que llevábamos, para coger fuerzas y hacer el camino de vuelta en kayak, esta vez con viento en contra y gran oleaje.

A la vuelta puedes para en Calblanque, es un parque natural con diversas playas vírgenes y dunas fósiles. También está la opción de planes tierra adentro, pero no es el caso en esta etapa acuática.

En temporada alta el acceso puede ser a pie o en bus. Tiene varias calas y como todos los sitios, cuanto más andes, más a gusto estarás. La playa de Calblanque es la principal, en la que te deja el bus, pero puedes andar e irte, por ejemplo, a playa Parreño, donde estarás más tranquilo.

Otra opción es ir a las calas de Cabo de Palos. Por alguna extraña razón, quizá porque no son de arena o porque el acceso no es del todo cómodo -y que tenemos La Manga al lado-, no suelen estar concurridas.

Tienes un montón de calas, de las cuales las más visitadas son: Calafría, Las Melvas, Reona y Flores, pero en cualquiera puedes estar a gusto. Son calas óptimas para hacer snorkel, tanto por el número de seres vivos que la habitan como por la tranquilidad y visibilidad de las aguas. Puedes encontrar pulpos, erizos, gobios de fuego, jureles, doradas…

También, ya que estás allí, puedes aprovechar para subir al faro y admirar el atardecer.

Para cenar hay muchas opciones. La zona principal de restaurantes está en el puerto deportivo y a diferencia de otras zonas de playa, no es un sacacuartos para turistas.

Nosotros entramos en Miramar, luces y sombras: la comida, en general, buena; el arroz de caldero, plato típico y que debes de probar si vas a Murcia, salado en exceso. Pero lo peor son esas cositas fáciles de corregir, como la actitud: pedimos un postre y cuando trajeron el helado, sospechamos que contenía frutos secos, algo peligroso con un alérgico en el grupo; a pesar de preguntarlo, nos dijeron que "no lo creían", sin asegurar nada. Como tenemos un poco de cabeza, lo probó alguien no alérgico y sí llevaba nueces. Al decírselo, con todo el respeto del mundo y advirtiendo, por si volvía a pasar, el camarero, lejos de pedir disculpas, espetó: “Ah, pues no sé, como a mí me lo dan, yo no puedo saber qué lleva” y al intentar explicarle la gravedad de una alergia alimentaria, se puso un pelín agresivo. Con lo fácil que es pedir perdón y tomar nota para futuras situaciones, y curarte en salud a ti mismo y a tus clientes.

Así que para el postre, al final nos fuimos a ver a Sandra, una Couchsurfing cartagenera que justo trabajaba en la heladería Bico de Xeado y que nos enseñó parte de su ciudad.


En otras ocasiones hemos probado restaurantes distintos, como el Pez Rojo, con una carta un poco más escasa, pero completa y de buena calidad; quizás el servicio un poco perdido, pero el responsable de sala es muy atento y sabe llevar bien los despistes de los camareros.

Sí que echamos muy en falta la presencia de una cerveza de calidad.


Después, puedes aprovechar para ir hasta la Isla del Ciervo, una isla a la que puedes ir andando. ¿Y eso, cómo? Pues muy fácil: sales de Playa Cavanna y llegas a un pequeño pico de la playa que se adentra en el Mar Menor, desde ahí sigues un sendero subacuático entre las algas y salvo que seas muy, muy bajito, llegas sin mojarte el ombligo a la isla. Una vez allí, puedes subir a cualquiera de sus dos picos o cruzarla y llegar a la otra cara, pero al otro lado encontraras un porrón de embarcaciones recreativas que no sabemos muy bien qué buscan allí.

A pesar de que los atardeceres del Mar Menor son especiales, recomendamos verlos desde los salinares del final de La Manga, a los que se accede por el famoso Puente de la Risa. Un puente ojival de mucha altura y muy peculiar que, al subirle, da entre risa y miedo.

Hay dos versiones de este nombre. La primera es porque al subirlo con el coche el peralte es tan grande que el vacío que produce en el estómago causa risa. La segunda y más aceptada cuenta que como La Manga estaba desierta hasta 1962 y se construyó mucho, los albañiles decidieron subir el pico del puente para que mientras otros cruzaban, ellos miraban desde las obras cercanas y se reían de los saltos y sustos que daban los coches.


Etapa 3

Si hemos venido a La Manga y nos apetece un plan no acuático también tenemos opciones. La más cercana es Calblanque, que además de tener las playas, también es un parque protegido en el que puedes caminar por senderos marcados alrededor de sus playas o subir los montes para disfrutar de sus panorámicas.

Lo más destacable de esta zona es la diversidad biológica de la zona y los endemismos; en muy pocos kilómetros puedes encontrar hábitats muy distintos. Se propuso como reserva de la biosfera por la importancia de esta zona para la conservación de especies, pero como siempre, el poderoso caballero Don Dinero lo evitó, ya que fue mucho más importante el puerto de contenedores y las emisiones submarinas de aguas fecales en Cala Reona, así como otras actividades industriales de Cartagena que son incompatibles con la Reserva de la biosfera.

Un poquito más adelante encontramos la Batería de las Cenizas, una de las numerosas baterías que rodean la zona de Cartagena.

Es importante recordar que la historia de Cartagena viene definida por su estratégica posición: un puerto fácil de defender, con buenas conexiones mediterráneas y grandes recursos mineros.

Ya desde su fundación por el general Cartaginés Asdrúbal, Cartagena fue utilizada para el desembarco de tropas en las guerras púnicas. Desde entonces, la historia de Cartagena ha sido un vaivén de épocas de bonanzas, crisis y guerras, destacando en las más actuales la revolución cantonal, en pleno siglo XIX, en la que Cartagena consiguió la independencia durante 185 días e instauró normas como el divorcio, la supresión de pena de muerte o la educación laica, o la Guerra Civil, donde fue uno de los bastiones republicanos. En ambas guerras la ciudad fue prácticamente destruida.

Dicho esto, estas baterías fueron proyectadas por Primo de Rivera, pero construidas a partir del 33, con lo cual fueron usadas por el bando republicano contra las tropas franquistas.

Son verdaderas obras de arte bélico para la época, con la tecnología más puntera y solo se usaron durante la Guerra Civil. Aún puedes visitar los vestigios de los enormes cañones y en la mayoría de baterías hay carteles donde te enseñan cómo funcionaba la batería.

Desde esta batería puedes bajar al pequeño pueblo de Portman, con sus salinas y la bonita playa de arena negra.

Muy cerca también está el pueblo minero de La Unión, rodeado de minas y de edificios mineros abandonados que se pueden “visitar”. También tiene uno de los mercados más bonitos que he visto, el problema es que no tiene actividad.

Y como peculiaridad, el lago rojo de Brunita, que no es más que un lago artificial, hecho con el agua de limpiar las minas, altamente contaminada y con tonos rojizos. Actualmente se encuentra cerrado y sin ningún acceso. Pero es curioso atravesar un camino lleno de desperdicios mineros, con texturas irregulares y olores peculiares.

Seguimos el Mediterráneo para llegar a la ya mencionada Cartagena. Lo primero que te encuentras al entrar es el submarino de Isaac Peral; pero vamos, es una réplica enana en una rotonda y podemos pasar de largo sin darnos cuenta.

En ese punto, girando hacia la izquierda, llegamos a las murallas, donde tienes un parque muy verde y el monumento a Patrulla Águila de San Javier.

Al fondo se encuentra el puerto. Desde este punto es fácil ver varias de las baterías que rodean la ciudad y y comprenderás por qué su conquista por mar es tan difícil.

Desde la siguiente entrada de la muralla en línea recta llegamos al bunker museo de la Guerra Civil. Es un museo muy interesante, sobre todo por las historias que cuenta de primera mano, por testigos y víctimas de la guerra. Mención especial al panel en el que muestra dos informes de un bombardeo, uno de cada bando, y muestra cómo cambia la historia según quien la cuente.

Con la entrada te incluye el ascensor panorámico para subir al parque Torres, en el que te ahorras dar la vuelta para llegar y también la visita al castillo de la Concepción.

Está construido sobre la alcazaba musulmana, que previamente se había construido sobre un templo romano. Su origen está en el nombramiento de Cartagena como capital de la Castilla mediterránea por parte de Alfonso X El Sabio.

El castillo, hoy medio destruido, estuvo a punto de ser derruido durante la Primera República, pero Primo de Rivera decidió hacer una zona verde alrededor, conocida como Parque Torres o de los cisnes cartaginenses (llamados patos en el resto de la Península). En este parque también puedes encontrar un monumento a su fundador Asdrúbal.