Menorca, la Bienorca de Mal-lorca.

Actualizado: 16 ago

Después del viaje a Mallorca y la mala experiencia en un lugar donde todo está masificado y pensado por y para el turista, no tenía muchas expectativas en el viaje, pero por suerte erré en mi predicción.

Aterrizo a mediodía y lo primero es recoger el coche, tenía la reserva con Tramuntana Rent a Car, una empresa local y tanto el precio como sobre todo la atención fue excepcional, rápido, muy ágil y sin retención de saldo en la cuenta.

Lo siguiente obviamente es comer, así que abro el mapa y me dirijo al restaurante más cercano que tenía en el mapa, en Cala Torrent. Mi restaurante marcado no estaba abierto ya que era principio de temporada y muy tarde, pero por suerte mi intuición me dijo que al lado, en el Restaurante Cala-mar comería bien y acerté. Me pusieron espárragos con huevo, queso de Mahón y salvichada, que para el que no sepa lo que es, es la salsa que en realidad se pone a los Calcots, que no es romesco como se ha extendido. Lo malo, malísimo, de lo peor, no tenían cerveza menorquina ni balear.

Con el buche lleno visito otra parte del pueblo de Binibeca, Binibeca Vell o Binibeca Vieja, que a pesar de su nombre no es tan vieja como indica.

Es uno de los puntos más visitados de la isla y pude comprobarlo ya que siendo inicio de temporada ya había un par de autobuses del IMSERSO por allí.

Dicen que es el pueblo más bonito de la isla, con lo que yo discrepo muy mucho.

Por el nombre y por el aspecto, podrías llegar a pensar que es un antiguo pueblo pesquero, con sus casas totalmente blancas y sus estrechas calles, pero… Binibeca Vell es una urbanización construida en los sesenta intentando imitar un pueblo pesquero, con lo cual no es viejo, sino que es algo totalmente artificial, eso sí, da el pego.

Siguiente parada So Na Caçana, el primero de los restos talayóticos que visité, que no fueron pocos. Este yacimiento es gratuito y es uno de los menos estudiados. La peculiaridad de este poblado es que tiene tres taulas y eso puede ser porque fuese un recinto religioso que daba servicio a varios poblados. No me entretengo más porque un poco más adelante explicaré todo sobre la cultura talayótica.

De vuelta al coche viajo a Cales Coves o Cala de las Cuevas. Importante saber que hay un parking muy pequeñito, no creo que quepan más de 20 coches ni de broma y que está a unos 15 minutillos andando.

El camino no es gran cosa, pero cuando el camino se abre y ves la cala, con esos grandes acantilados de fondo te quedas sin palabras.

Es una de las calas más masificadas ya que su forma hace que sus aguas limpias y muy tranquilas y por ello un montón de embarcaciones lo tienen como destino.

El nombre viene de las casi cien cuevas que hay excavadas en sus paredes y que se usaban como enterramientos de la edad de bronce y de hierro. Se cree que parte del acantilado cedió y lo que se ve en es solo la bóveda interna.

El uso como necrópolis se abandonó con la llegada de los romanos, aunque los romanos respetaron el significado de las cuevas, no las usaron.

Se cree que más tarde fue refugio de piratas y después de pescadores para guardar sus aperos y descansar.

El último asentamiento fue en los 60, por una comuna hippie que poco tiempo después fue expulsada para conservar estas cuevas y su posterior estudio.

Como curiosidad en las paredes y suelos puedes encontrar caras talladas de las que se desconoce el origen. A simple vista puedes pensar que fueron hechas por los hippies, pero la opción más probable es que sean bastante más antiguas y fuera durante la ocupación hippie cuando se repaso y se modificó.

A la vuelta vi que otro de los puntos de interés no estaba muy lejos de allí y di por hecho que el Camí de Cavalls o camino de caballos me llevaría hasta allí, así que a la aventura.

Este camino de 185 km da la vuelta a toda la isla y se cree que su origen es del S XVIII y su función era recorrer las costas para su vigilancia.

No os esperéis un camino al uso, es más un sendero con algún tramo complicado, sobre todo si vas en bici.

El camino me llevo hasta el núcleo de Cala en Porter y allí desaparece, una vez aquí con el GPS me dirijo a mi destino que era Cova d’en Xoroy, pensando que era una cueva con algún interés geológico o histórico. Ya en la puerta y con las pintas que podría tener alguien que viene de 5 km caminando por acantilados y bajo el sol menorquín, pregunto que era Cova d’en Xoroy y os aseguro que en pocas ocasiones me han tratado con más desprecio, bueno incluso antes de preguntar ya soltó alguna perlita mi amigo el clasista.

Resulta que es una especia de discoteca pija, donde si no tienes la apariencia de poder pagar los 15€ de la entrada no eres bienvenido, ni bien tratado.

Con ese panorama y un poco de rabia desando el camino hacia Cales Coves para recoger el coche e ir a conocer a mis Couchsurfing a Ciutadella en la otra punta de la isla.

Antes de eso pase por Lithica, que es una cantera abandonada con distintas plantas y atracciones, bueno en realidad no lo entendí bien, si es cierto que varias personas de la isla me lo recomendaron, pero mis horarios no cuadraron para la visita.

Por fin llego a casa de mi Couchsurfing, que por cierto es una pasada y también tienen un Instagram de viajes súper recomendable @shortiaventura, Seguidlos. Nos quedó tiempo para cenar, ducha y a dormir que el día fue duro.


El segundo día arranca pronto y el acto central del día era en el Mercadal. De camino paro en Ferrerías, un pequeño pueblo en el centro de la isla rodeado de montañas.

Se cree que el origen de este pueblo fue el asentamiento de un herrero o Ferrer que se situó allí para herrar a los caballos en su ruta de Mahón a Ciutadella.

El pueblo es muy acogedor y todo lo que se dé él me lo conto la gente con la que conversé en el pueblo. Es un pueblo que destaca por su artesanía, tanto en zapatos, como en bisutería y también y hace no mucho por su pan, dato que al ser descendiente de generaciones de panaderos me llamó la atención. Aunque ya solo quedan tres panaderías son famosas en toda la isla y en una de ellas fue en la que desayuné, Forn de Can Marc, también me lleve una barra de pan, ya que justo en frente había una tienda preciosa de embutidos y con eso ya tenía provisiones para lo que pudiera pasar.

Después de un paseo por las calles del pueblo me dirijo a la siguiente parada Es Mercadal.

Allí me encuentro con jeep Safari Menorca y sus guías. El día estaba oscuro y había algo de lluvia, así que nos proponen un itinerario adaptado a las circunstancias.

Pronto te das cuenta que el verdadero valor de esta experiencia no son los coches, ni los caminos, si no el conocimiento que la empresa tiene de la isla y la pasión con la que la trasmiten, todos los datos recabados durante el día de hoy, son conocimientos trasmitidos directamente por jeep Safari

Arrancamos por el camino de Kane, lleva el nombre de su promotor, el gobernador inglés de la isla Richard Kane. Durante la ocupación inglesa necesitaban llevar armas, tropas y suministros desde Mahón a Ciutadella y se juntaba que los caminos locales no estaban preparados y que además pasaban por pueblos en los que los menorquines no los querían. Por ello se hizo un camino paralelo más cómodo y que evitaba los núcleos de población.

Con el tiempo la población menorquina agradeció a los ingleses sus aportaciones hasta tal punto que pusieron el nombre del gobernador al camino y no solo eso, sino que fueron los menorquines quienes lucharon para que, tras la construcción de la carretera, no se perdiera este camino.

Dejamos este camino en Alaior, donde visitamos la iglesia de Santa Eulalia, uno de los templos más grandes de la isla. Construida en marés, se terminó en el S XIV.

Su gran nave se usó para defender a la población de posibles invasiones y también cuenta con un bunker que se usó durante la guerra civil. Durante esta guerra se saqueó y desmanteló totalmente.

Vuelta al Jeep subimos hasta la Pedrera de Santa Ponça. Gracias a esta pedrera o cantera aprendemos varias cosas de la isla.

Lo primeroes que en esta cantera se extrae una piedra de la que ya hablé previamente, el marés, su nombre ya nos indica que algo tiene que ver con el mar y es que es un tipo de arenisca creado por sedimentos marinos.

Al ser arenisca es una piedra muy porosa, lo que hace que sea un suelo muy fértil, en esta cantera incluso podemos ver como las ramas de las higueras se abren paso a través de la piedra.

La mitad sur de la isla es de este tipo de piedra mientras que la mitad norte combina cuarzo y pizarra, eso explica el cambio de paisaje y el porqué de que la mayoría de asentamientos talayóticos estén en el sur, ya que esta parte de la isla tiene más agua y mayores recursos.

Esta cantera estuvo en funcionamiento hasta los años 70 cuando se abandonó por la apertura de la isla al mercado peninsular, mucho más tarde que las islas vecinas, este es el secreto de porque la isla está tan bien.

Menorca fue el último bastión republicano en la guerra civil, todos los republicanos que querían seguir luchando se desplazaron a la isla. Por tal motivo Franco “castigó” a la isla con un bloqueo en el que nadie podía entrar en la isla y por ello no tuvo el desarrollo urbanístico y turístico que tuvieron Mallorca e Ibiza. Ese castigo salvo la isla, sus calas, sus restos talayóticos, su cultura, así que por mucho que le duela al más republicano y aunque fuera sin querer, Franco salvó la isla.

Dentro de la cantera también podemos ver la evolución de las técnicas de extracción, desde las zonas que sacaban con maza y cuñas, hasta las zonas en las que se usó la sierra mecánica.

De nuevo en el coche seguimos el camino encontrándonos dos cosas curiosas. La primera fue una puerta menorquina y los muros de piedra seca. Estos muros que se usan por todo el mundo, son patrimonio de la isla ya que hay más de 11.000 km. Estos muros se cruzan por las puertas menorquinas que tienen como características su material, que es acebuche u olivo salvaje que puedes encontrar en cualquier sitio, lo que las hace económicas, y también su estructura simétrica, ya que diseñaban una hoja y luego cortaban las ramas a la mitad y hacían los dos lados.

La otra curiosidad que nos encontramos fue un caballo menorquín, es una antigua raza de la isla preservada durante el tiempo. Se usa tanto de trabajo como de equitación por su buen carácter y tiene un papel muy protagonista en las fiestas de San Jose en Ciutadella.

Hacemos otra parada rápida en el Barranco d’en Rellotge. Los barrancos son cauces de agua discontinuos, aunque se cree que en la antigüedad siempre contenían agua. Estos barrancos son vergeles y han estado habitados desde la antigüedad, por sus refugios y su facilidad para encontrar agua y comida.

La siguiente visita ya más larga es el poblado talayotico de Torrellisar, seguramente, de los que tienen acceso gratuito el mejor conservado.

Pero ¿Qué son los poblados Talayóticos? Tenemos pocos datos de ellos y tampoco se ha es que se halla investigado mucho.

Se cree que esta cultura tiene influencias egipcias y fenicias por los restos encontrados y a que estos pueblos venían a comerciar a la isla.

Dentro de los poblados solía haber además de las casas de los habitantes, cámaras subterráneas que se creen que se usaban para conservar alimentos, hipogeos o enterramientos y las dos estructuras más características, Las taulas y los talayots.

Los talayots que dan nombre a esta cultura son estructuras de tipo piramidal de tipo ciclópeo, es decir sin cemento o argamasa.

Al no haber mucho estudio sobre esta cultura todo son suposiciones, mientras unos piensas que pueden ser centros religiosos o de sacrificio, otros que creen que su función va más allá y servía para avisar cuando la isla era atacada ya que en la parte más alta se encendía un fuego y comunicaba unos talayot con otros. Esta teoría se ve fortalecida por el nombre que le dieron los fenicios a la isla, Nura que significa tierra de Fuego.

Las Taulas sin embargo, se creen que eran construcciones íntegramente religiosas, son recintos de techo abierto, seguramente para poder observar las estrellas. El muro de alrededor tiene varios sillares, que aparentemente están descolocados pero que en realidad cada sillar coincide con una constelación. La Taula en sí es una piedra horizontal colocada sobre otra similar vertical, bajo ella se han encontrado varias ofrendas y una de las hipótesis es que refleja la unión de la tierra y el cielo.

Otra de las edificaciones típicas es la naveta, algo más moderna, pero no visité ninguna.

Es mediodía y nos llevan a comer a la finca de Sa Nitja, donde nos enseñan sus quesos y su ganado. Además tomamos un picnic con productos de la granja antes de retomar el viaje al punto más al norte de la isla, el faro de Cavallería.

Antes de subir al faro, paramos en un pequeño polvorín desde el que se tiene unas vistas espectaculares de la Isla de Porros. Esta isla no tiene nada que ver con el narcotráfico, porro en menorquín es puerro, pero tampoco se refiere al puerro que se come si no al puerro salvaje. En esta isla hay una necrópolis.

Cerca de este polvorín también hay una cantera de marés de donde se sacó la piedra del faro y justo encima hay una batería de cañones de defensa.

El faro en sí es muy bajito ya que está a 40 metros de altura, está casi intacto desde su construcción en 1857 y fue el primero del norte, luego llegaron el de Punta Nati y el de Favaritx por la peligrosidad de la zona.

Terminamos esta apasionante día con la visita a las playas de Cavallería y Cala Rotja, dos playas de color bermejo al norte de la isla.

Al terminar la visita me acerco a Fornells, el pueblo donde tiene su sede Jeep Safari Menorca.

Fornells a pesar de contar con un templo paleocristiano del S V, durante mucho tiempo fue un puerto desierto. En la edad media se construyó un castillo defensivo y los mismos soldados fueron los primeros en poblar Fornells que poco a poco fue creciendo.

Poco pude ver del pueblo ya que estaba entero en obras, pero es un lugar tranquilo y uno de los lugares típicos donde comer langosta.

Termino el día en busca de la Cova des Colombs o Cueva de las Palomas. Para llegar hay que dejar el coche en el cementerio de Es Migjorn Gran y desde allí caminar hacia un gran talayot que se ve a lo lejos. Dejamos el talayot a mano derecha y seguimos el camino hasta una señal que nos indica el Cami de Cavalls y la cueva. Desde este punto el camino se hace mucho más agradable, sombrio y lleno de vegetación ya que atraviesas un barranco.

La cueva no se distingue hasta que estás prácticamente dentro y eso que es enorme. Con un sentimiento de asombro, miedo y curiosidad entro en la cueva. El anochecer estaba cerca y los ruidos de pájaros y murciélagos en la cueva eran, cuanto menos, inquietantes.

La cueva se cree que se usaba de enterramiento, pero ha sido expoliada y dentro se han hecho refugios para pastores, por lo que no tenemos mucha información. Pero sin duda esta fue una de las cosas más impactantes que vi en la isla.

Sin tiempo para más regreso a casa para descansar y preparar el tercer día.

Empiezo el día en la única cantera de marés que queda en la isla, suele estar cerrada al público pero mis Couchsurfing me dieron unos truquillos para verlo.

La extracción de esta piedra se abandonó en los 70, cuando llegó el ladrillo de península, pero hasta entonces todas las casas se hacían de marés recubiertos de cal.

Tras esta breve para me dirijo a Ciutadella. Puedes aparcar a las afueras y en pocos minutos andando llegas al centro.

Es una ciudad de imagen medieval donde el marés domina la arquitectura. Fue la capital hasta la dominación inglesa que cambio la capital a Mahón por tener un puerto mucho más grande y accesible.

Estuvo poblado desde la prehistoria ya que hay restos de culturas talayóticas, más tarde fueron pasando fenicios, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, aragoneses, ingleses, franceses y españoles.

La primera visita fue al mercado, su distribución es curiosa, tiene un edificio central pequeño en el que se encuentra el pescado, justo en frente en unos soportales los puestos de carne y en los bajos de un edificio que rodea al del pescado están el resto de los puestos.

Después del desayuno sigo de visita por la ciudad, lo siguiente en la lista es la catedral, construida sobre la antigua mezquita mayor, es el mayor templo de toda la isla.

Está construida en marés y debido a la distribución de las calles aledañas es muy difícil apreciarla en su totalidad desde un solo punto.

Desde allí y paseando entre varios palacios llegas a la plaza del Born.

Esta plaza rodeada de edificios emblemáticos se corona con un obelisco que recuerda el saqueo y destrucción de la ciudad por los turcos en el 1558, que secuestraron a más de 4000 personas.

Detrás del ayuntamiento tenemos una de las cosas más bonitas de la ciudad, su puerto. Es un pequeño puerto natural, muy limpio pero en el que no caben grandes embarcaciones. Me comentan también que es el lugar ideal para comer mejillones.

Más a las afueras y en el paseo marítimo tenemos el castillo de San Nicolás, que en realidad es solo una torre de defensa pero más moderna y más bonita. Justo delante de ella encontramos un busto de un señor con cara de mala leche que era David Glasgow Farragut, hijo de un menorquín y que fue un almirante estadounidense que obtuvo gran fama durante la guerra de secesión.

Para acabar en Ciutadella paso por Pont d’en Gil que es un puente natural sobre el mar de 15 metros de altura, desde él se observan unas bonitas puestas de sol. Además todo este terreno que rodea al puente y que atraviesa el Camí de Cavalls esta llenito de ajetes que nadie recoge, aprovecha y llévate un puñado para cenar.

Una de las cosas más características de la gastronomía menorquina, incluso balear diría yo, es el queso de Mahón, para aprender más sobre ello visito la Finca Sa Roqueta

Nada más entrar en la finca tienes sus vacas libres a derecha e izquierda y atravesando estas praderas llegamos a la tienda en el punto más alto del camino.

Al entrar me encuentro por casualidad con Soraya y su madre que me explicaron todo lo que se del queso de Mahón y que ahora os voy a trasmitir.

El queso de Mahón tiene denominación de origen protegido, eso quiere decir que tienes que cumplir los requisitos para ser D.O.P. queso de Mahón, lo bueno es que te aseguras una calidad y lo malo que tienes poco margen para experimentar. Por ejemplo para que sea queso de Mahón tiene que ser cuadrado, de esquinas redondeadas, hecho con leche de vaca frisona o menorquina, en ocasiones se puede mezclar con un máximo de un 5% de leche de oveja, debe ser prensado envuelto previamente en un trapo y debe de tener un tamaño y peso específico.

En Sa roqueta tienen queso con D.O.P. pero también otros que al ser más innovadores no cumplen los requisitos y que para mi gusto son mejores que los D.O.P. . En algunos no lo cumplen solo por el tamaño, pero por ejemplo otros más innovadores como en el que usan cardo como cuajo vegetal es por los ingredientes o el proceso.

Pude probar todos, pero me quedo con el de cuajo de cardo borriquero, le da un sabor más suave al queso y además me recuerda a las cervezas con gruit de cardo que probé en Bélgica.

Una de las características de este queso es que es un pelín salado, sobre todo en las fincas que están más al norte y menos protegidas del aire, porque las praderas son azotadas por los vientos del norte que recogen agua del mar y salan el pasto.

Además de la tienda puedes reservar la actividad para fabricar tu propio queso, que posteriormente te envían a tu casa.

Terminada la cata me voy con una chica americana apasionada del queso y de Menorca que me lleva a ver su ganado.

Todas sus vacas son frisonas, ya hay muy poquita vaca menorquina ya que a pesar de que su leche es de más calidad su producción es más limitada y su coste más alto.

Como siempre he estado entre vacas de carne no conocía mucho la raza frisona y tuve la oportunidad de interactuar con ella. Me pareció una vaca muy noble y tranquila pero muy desconfiada.

Pasamos a la fábrica, es una sala pequeñita pero organizada y obviamente muy limpia, el proceso es sencillo, por lo que sobre todo la calidad está en la leche y en el trato del queso.

Terminado el proceso vamos a ver al resto de habitantes de la granja, los cerdos menorquines, que es un cerdo negro, más bien pequeño, robusto, de morro corto, grandes mofletes y jamones delgaditos, supongo que por ello no es famoso el jamón menorquín. Estos cerdos, al menos en Sa Roqueta están en extensivo y son bastante dóciles.

Termino la visita llevándome media tienda y con el coche cargado me voy al siguiente destino Cala Torrent.

Ya estuve sin darme cuenta en Cala Torrent el primer día para comer, pero no en El Faro. Sin duda el restaurante con la mejor carta de la isla. Todo producto de cercanía, variedad y productos exclusivos.

Así a simple vista los espárragos con queso y miel, la carne del cruce de vaca menorquina y toro angus y como no la langosta que la preparan de varias maneras, con huevos fritos, en caldereta o en arroz, destacan para mi sobre el resto de platos.

En el restaurante me encuentro con Benet con el que comparto la comida y un rato muy agradable en el que aprendí muchísimo sobre la isla.

Primero me presentan a las langostas que guardan en un acuario. Curiosamente estas langostas, la langosta roja menorquina no tiene pinzas y la brida roja que tienen no es para protegerlas si no que es el precinto de garantía de la langosta roja menorquina.

Para hacerla frita es mejor reciente, sin embargo para la caldereta es mejor prepararla con bastante tiempo, incluso un día, asi que es mejor reservarla con tiempo.

Para la comida primero nos trajeron el pan con el alioli, que menuda pasada, con el toque justo de ajo, una textura cremosa, casi casi te puedes alimentar solo de ello. De entrante unos mejillones a la plancha, una delicia.

Como plato principal una caldereta de langosta. El plato es muy muy generoso, tienes que tener buen saque para acabarle entre dos. Nos pusimos las botas, una de las primeras langostas de la temporada. El guiso en si es solo una mezcla de verduras y langosta, pero con mucho sabor a marisco, me recuerda mucho a la bullabesa de Marsella salvando las distancias, ya que este guiso me pareció mucho más fino y suave.

Y de postre una ensaimada casera de un horno de Es Mercadal y era casera 100%, que de eso se un poquito.

Era principio de temporada y pudimos tener una sobremesa tranquila, pero en temporada alta tienen hasta cuatro turnos diarios y con el nuevo turismo francés que valora mucho más la calidad, El Faro es un referente en toda la isla.

Terminamos y vamos a ver un trocito de historia de la ocupación inglesa. Fueron estos quienes cambiaron la capital de Ciutadella por Mahón y también los que construyeron el Fuerte de Malborough, en honor a John Churchill, duque de Malborough y el general británico más reconocido de la época. Su función era la de defensa del puerto en su entrada desde la entrada de Cala Esteve, ya que este puerto era uno de los más valiosos del Mediterráneo.

San Esteve recibe su nombre del desembarco de reliquias de San Esteban en este puerto. Como playa no tiene mucho interés, por lo que no suele estar muy masificado.

Camino de Mahón me encuentro otra ciudad Talayótica, Trepucó. El interés de este yacimiento reside en que fue abandonado repentinamente por un violento ataque durante las guerras púnicas y por ello se ha encontrado mucho ajuar en la zona.

En Mahón como en Ciutadella, también puedes aparcar muy cerquita del centro. Como ciudad no tiene la elegancia de Ciutadella, a pesar de que comentamos es la actual capital de la isla.

Lo primero que te encuentras al entrar es la iglesia del Carme. Esta Iglesia, la más grande de la ciudad, fue iniciada en 1750 después de que los carmelitas dieran mucho el coñazo a los ingleses para tener un templo en la capital de la isla. Pegado a ella está el claustro que ahora mismo acoge un mercado. No sé cómo estará por las mañana pero por la tarde casi todo está cerrado. También muy cerca está el mercado del pescado, pero también por la tarde está cerrado.

Si subimos al Puente de San Roque podemos ver el puerto que es enorme comparado con el de Ciutadella.


El puente en sí es la antigua entrada del recinto amurallado que en la antigüedad fue Mahón. Son los únicos restos visibles de una muralla medieval de piedra.

Lo que es la ciudad de Mahón no da para mucho más y me escapo para ver la Fortaleza de La Mola, la cual tampoco visitar por dentro debido a que por sus dimensiones tienes que guardarte al menos un par de horas, ya eran las 19 y cerraba a las 20.

Esta fortaleza se creó para defender el puerto de Mahón y como base para las tropas de la isla pero quedó obsoleta antes de terminarse en el año 1896.

Pongo rumbo norte para llegar hasta el parque de la Albufera des Grau. Muy cerquita del parking tienes un mirador de aves pero justo ese día hacia un viento infernal que prácticamente te impedía estar allí, así que decidí dar una vuelta por la albufera y observar las aves en distintos puntos.

Por el camino pude ver pollas de agua, garzas, zampullines, cormoranes, gaviotas… y eso que era un mal día, lo cierto que sería un buen plan para pasar un día tranquilo ya que esta es la concentración de agua más grande de la isla. Es un lugar de refugio de muchas aves y de descanso para otras migratorias.

Termino el día en el faro de Favàritx, recuerda que en temporada alta tienes que venir en bus, algo normal puesto que el parking apenas cuenta con diez plazas de coche.

Este faro fue el primero de la isla con base de hormigos y está construido con pizarra extraída de la zona. Además esta zona es la parte más antigua de la isla como atestiguan los fósiles aquí encontrados.

Tal y como podéis ver en la foto este es un lugar perfecto para ver el anochecer.


Empieza mi último día en la isla y me acerco a la cooperativa del campo para cargar la mochila de cosas ricas menorquinas.

Una vez hecha la compra me voy al poblado talayótico de Torrellafuda a disfrutar del desayuno. Comer en este lugar, solo, rodeado de tranquilidad y restos de culturas antiguas me hace conectar con las antiguas deidades de la isla. Una pasada.

La importancia de este yacimiento reside en que fue habitado postalayóticamente por diferentes culturas como la romana y la islámica, de la que aún quedan los lucillos, tumbas cavadas en la roca de origen islámico.

Me dirijo al punto más alto de la isla, el Monte Toro, con la friolera de 358m domina las alturas de la isla.

Se cree que el origen del nombre viene de la leyenda de un toro que custodiaba el monte y no dejaba entrar a nadie hasta que un día unos monjes quisieron subir, atraidos por unas luces que había en la cima. Se encontraron al toro y al enseñarle los crucifijos no solo los dejó pasar sino que les acompañó hasta la cima, donde había una imagen de la Virgen. Aunque también puede venir de la palabra islámica tor que significa altura.

En la cima se encuentra el Santuario de la Virgen del Monte Toro, ocupada por monjas de clausura.

Su origen está en el SXIII aunque la actual iglesia es del año 1670 construidas por los agustinos que ya previamente habían ampliado y creado más departamentos y muros por su interés militar.

Como el resto de iglesias fue saqueada en la guerra civil, pero un campesino consiguió esconder la talla.

Con el riesgo de una descompresión me bajo a Cala en Porter a nivel del mar, para hacer una de las actividades más divertidas de la isla con Menorca Aventura.

Menoca Aventura es una empresa expecializada en ocio activo en el mar, con pequeños botes, kayak, paddle surf, Supyoga...

La idea era salir de Cala en Porter, una preciosa cala de arena blanca y fina, con todos los servicios y que en temporada alta se pone hasta el culo, y llegar hasta Cales Coves en Kayak y allí hacer una cata de cerveza Vamos a Beer.

Pero el mar no lo permitió, ya que estaba muy revuelto y no era seguro, así que decidimos cambiar el plan, dar media vuelta y subir por el Barranco de Cala En Porter.

La alternativa también fue de lo más divertido y educativo. Lo primero que nos encontramos es una tortuga mediterránea. Depués luego durante el trayecto nos encontramos más, solo tienes que estar atento a los ruidos que hacen a los lados del camino.

Lo curioso de estas tortugas es que no son autóctonas de aquí si no que fueron introducidas como comida. Como son torpes y lentas las guardaban en corrales y cuando había hambre padentro. Pero por muy torpe que parecieran alguna se escapó y ocuparon toda la isla.

Por el camino nos encontramos todo tipo de sembrados, viñas, nísperos, higueras… pero fue bajo el árbol más curioso donde hicimos la cata. Bajo un nogal pecano, un árbol grande y frondoso que da mucha sombra y además nos da nueces para picar.

Hacía mucho que no hacia una cata en inglés, pero si hay algo que tienen nuestras cervezas es que te animan a asumir retos intelectuales.

Probamos Mi Nanna, Coco Bailongo y Mangurrián y una vez acabada la cata afrontamos el camino de vuelta con otra alegría y más fresquitos.

Ya en Cala en Porter de nuevo, a pesar del tiempo me negué a irme de Menorca sin disfrutar del mar, así que agarro el equipo de snorkel y al agua. Obviamente no fue buena idea, pero no te puedes quedar con las ganas de comprobarlo.

Y para terminar el viaje que mejor que visitar la única fábrica de cerveza artesana de la Isla, Graham Pearce.

La fábrica es pequeñita, pero una pasada, con equipos de 500 litros atmosféricos de cobre.

Fabrican una barbaridad de litros, unos 150.000 al año y me cuentan que como el resto de artesanos productores de la isla, se tiran fabricando todo el año para luego poder suministrar a toda la isla los meses de temporada alta.

Menorca es una isla con mucha temporalidad, hay muchísimos negocios que cierran de octubre a abril, aunque cada vez se extiende más la temporada. Fuer de temporada poco encontrarás abierto fuera de los núcleos de población grandes.

De sus cervezas la más vendida es la lager con diferencia y es que prácticamente todas los locales la tienen en su carta.

Probamos varias cervezas, su nueva IPA, turbia y amarga, la cerveza de azafrán que tiene un toque muy especial y la cantidad justa para dar sabor sin estropear la cervezay por último la cerveza talayótica, que es una reproducción de los restos que encontraron en un vaso en un poblado talayotico con distintas plantas de la isla.

Y con este buen sabor de boca dejo Menorca, con muchas cosas pendientes y prácticamente sin visitar lo más famoso, sus playas. Volveremos.


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