Soria, poca gente y mucho encanto

Actualizado: 23 de dic de 2020

Cuando piensas en Soria, quizás sólo pienses en la España Vaciada, la Siberia demográfica del sur de Europa, y se te olvida que aunque ahora las autoridades nacionales se empeñen en terminar de vaciarla y exprimir los recursos y a sus habitantes, durante mucho tiempo las civilizaciones más avanzadas de la época tuvieron aquí sus asentamientos, desde asentamientos paleolíticos hasta la época medieval, pasando por los asentamientos arévacos, los de Tiermes o los de Uxama.

Otra de las cosas que te viene a la mente es esa maravilla gastronómica que debería ser patrimonio de la humanidad, que es el torrezno, esa forma de hacer de una pieza barata un auténtico manjar.

Desde Madrid tienes dos formas de ir, una es por la A2 y la otra por la A1, que es la que yo elegí para iniciar el viaje, visitando la población de San Esteban de Gormaz.

En esta población destacan el puente medieval sobre el Duero, de 16 ojos, que se cree que es de origen romano; el Castillo, con su románico encabezado por la Iglesia de San Miguel; y el paseo por las bodegas excavadas en la montaña.

Si vas en verano también tienes una piscina fluvial, de la que puedes disfrutar.

Históricamente fue una plaza importante en la Reconquista y alcanzó su máximo esplendor en el siglo XII, ya que contaba con 3000 habitantes, más o menos los que tiene ahora. Pero para la época era un núcleo más importante, y además, fue el lugar donde se celebraron las primeras Cortes de Castilla.

Esta población también es continuamente nombrada en el Cantar del Mío Cid.

Por último, avisar de que, junto con la población de Ayllón, es el lugar de España, y seguramente del mundo, donde más fácil es avistar un arrascapostes; si queréis saber qué es tendréis que preguntárnoslo.

De camino hacia Burgo de Osma me encuentro un cartel que pone Uxama, y como siempre que algo me llama la atención, para allá que voy, me encuentro un pequeño centro de interpretación donde me explican la importancia histórica de este asentamiento, y la terrible situación actual en la que se encuentran, como el resto de Castilla, totalmente olvidados, sin ningún tipo de acción de investigación, ni de marketing ni nada. Y que el yacimiento, para el valor que tiene, apenas recibe visitas. Aunque esto último me facilitó el sentirme aislado en él, incluso recorrer los aljibes de agua por dentro.

De origen celtíbero de la tribu de los Arévacos, esta ciudad alcanzó el culmen en época romana, situada en un punto estratégico en el recorrido entre Zaragoza y Astorga. Fue una de las pocas urbes de Hispania que acuñó una moneda romana con su nombre. Sólo se ha excavado una pequeña parte de este asentamiento y, ¿qué es lo más llamativo de esto? Las pollas. Y no, sin ningún doble sentido: hay penes esculpidos en los marcos de las puertas, porque lo de dibujar penes viene de antiguo.

También los árabes lo usaron construyendo una gran atalaya para vigilar el castillo de Osma y a la que puedes subir y disfrutar de las vistas.

Por cierto que Osma viene de Uxama, y de ahí el nombre de los pueblos de alrededor. Como por ejemplo, el de la siguiente visita, Burgo de Osma.

Esta urbe se creó tras el abandono de la antigua Uxama al calor del castillo de Osma, situado en la colina del otro lado del río.

A pesar de ser una villa moderna, llegó a tener gran importancia en la historia. Así lo puede demostrar su gran catedral o el hecho de que llegó a tener universidad, la cual ahora es un balneario.

El paseo por sus calles y alrededor es muy recomendable, empezando por su paseo al lado del río, y la visita al castillo si estuviera abierto (cuando yo lo visité estaba cerrado por reformas) y acabando por las calles medievales y la calle mayor porticada.

Así, una vez hecha el hambre, puedes ponerte a comer como un cerdo, porque está todo... buenísimo. A destacar, la cervecería Alquimia, propiedad de la cervecera Arevaka, que, aparte de buena cerveza, tienen unos pinchos espectaculares. Probé el timbal de patata trufada con bacón y la empanadilla de manzana y morcilla.

Pongo rumbo a Calatañazor, internacionalmente conocido porque aquí fue donde Alejandro Magno perdió el tambor, según José Perdiguero. Aunque otros historiadores piensan que ese mismo tambor puede ser de Almanzor, y otros dicen que allí nadie perdió nada, pero que rimaba.

Es un pueblo de aspecto totalmente medieval y nada más entrar en el pueblo puedes sentir la sensación de transportarte en el tiempo. También ayudó que justo estaban en el rodaje de El Cid.

En el pueblo puedes ver varias curiosidades, por ejemplo, fijaros en la forma de las chimeneas, o en una columna en la plaza llamada rollo o picota, donde se castigaba y ajusticiaba a los maleantes o sospechosos. Pero sin ninguna duda lo que más me llamo la atención fue el cartel en el castillo con la inscripción: “Prohibido tirar piedras”. Seguramente, para que los sorianos no practiquen sus tradiciones en lugares concurridos por turistas y escalabren a alguno.

Ya cojo camino a Soria, que había quedado con mi couchsurfer, una malagueña que me enseñó con todo detalle la ciudad de Soria. Aunque la prioridad a esas horas era la comida.

Nos fuimos a las afueras a la Casa del Guarda para comer el primer torrezno del viaje y carne a la parrilla.

Desde allí se puede ir andando al Monte Valonsadero, un monte con 35 abrigos de pinturas rupestres, y con visita gratuita, todo un lujo. Parecía que en España sólo había pinturas rupestres en Altamira, y de repente te das de bruces con 35 de estas representaciones de una antigüedad de unos 5000 años, a 7 km de la capital soriana. Aparte de éste, hay otros 49 lugares con pinturas rupestres en Castilla y León.

Están protegidas por una valla metálica, porque hoy en día el hábitat del tonto se ha expandido y puede llegar a cualquier sitio. Para muestra la de latas, bolsas y demás enseres que al otro lado de la valla han depositado estos especímenes. Una lástima.

Por cierto, os conté que en Uxama, hace 1500 años, ya ponían penes en las puertas, pues aquí hace 5000 años también dibujaban pollicios.

Ya en Soria empezamos la visita por la iglesia de San Andrés de Rabanera y el parque de La Alameda de Cervantes, que es el parque central de Soria, uno de los lugares con más vida de la ciudad en días soleados. Su nombre no tiene nada que ver con que Cervantes pasara por allí, sino simplemente lo pusieron en 1905 por el aniversario del Quijote. En Soria se le conoce como La Dehesa de San Andrés.

Vamos hasta la iglesia de Santo Domingo. Esta iglesia destaca por su entrada en la que tiene representada toda la biblia y hay dos cosas muy curiosas: un chino y los tres Reyes Magos metidos en una cama; que cada uno saque sus conclusiones.

Justo al lado está la Diputación de Soria, situada en el Palacio de los Condes de Vadillo. En su fachada hay ocho estatuas pertenecientes a 8 personajes medievales ilustres de la provincia soriana. Mi preferido es el juglar del Cid. ¿Y el tuyo?

También en honor del que para mí es el más grande de los sorianos, han instalado un pebetero con fuego que nunca se apaga. Este soriano del que hablo es Viriato y sus guerreros numantinos.

Pasamos por delante del Palacio de los Condes de Gomara que actualmente alberga el Archivo Histórico Provincial.

Seguimos camino de la Plaza Mayor. Este es uno de los lugares del amor que tienen los sorianos por Machado, y sobre todo por Leonor Izquierda, esposa y enamorada del escritor; famosa relación porque en una época donde el matrimonio era poco más que un acuerdo entre familias, este matrimonio en que él duplicaba con creces la edad de ella se entendieron y quisieron hasta el final de sus días, que fue muy pronto, ya que ella murió con 18 años, tres después de casarse, y el escritor nunca terminó de superarlo.

El sol amenazaba con irse y vamos hacia el Paseo del Mirón, que concluye en la Ermita del Mirón. Dicen que a mediados del siglo XVII era habitual que en este paseo, oscuro y sin mucho edificio cerca, fuera habitual que novios jóvenes y maridos infieles vinieran aquí a intimar. Eso era sabido por un personaje algo mirón que en su afán de ver lo que pasaba cuando estaba la pareja en plena faena, alumbraba con una antorcha para poder ver mejor, dando un susto enorme a estos; pero claro como estaban haciendo actos poco decorosos y prohibidos no podían delatar a esa persona. De todos era sabida esta práctica, pero nadie la denunciaba y la fama fue tal que hasta cambiaron el nombre a la ermita.

Si continuas más allá de la ermita encontrarás un paseo que te lleva a un mirador con una escultura en honor a Machado y Leonor, del que tendrás unas vistas del Duero y los cañones. La razón de que el homenaje sea allí es porque es el lugar donde se mudaron tras contagiarse Leonor de tuberculosis cuando vivían en París, y el único tratamiento que había era reposo y aire puro.

Acabamos el turisteo con la vista del atardecer desde el mirador y nos guardamos para la mañana del viernes.

Lo primero, como todos los días, era un desayuno continental, pero del continente soriano: café, zumo, pincho de tortilla y torrezno, en una barra del centro de Soria.

Con fuerzas renovadas cojo dirección al castillo de Soria, pasando antes por el Olmo Viejo, un árbol seco y partido por un rayo al que Antonio Machado dedicó el poema al olmo seco. Este poema es una muestra de optimismo, ya que comparaba la tuberculosis de Leonor con ese árbol partido por un rayo y podrido que aún sacaba brotes verdes. Este árbol se sitúa en el patio de la iglesia del Espino, en cuyo cementerio está enterrada Leonor.

El Castillo ha sido una plaza estratégica siempre y se cree que hubo asentamientos en el cerro desde la Edad de Bronce, pero actualmente solo queda alguna ruina ya que en la Guerra de Independencia se destruyó para que los franceses no se hicieran con él.

Se encuentra dentro del parque del Castillo junto con el Parador de Antonio Machado y desde donde tienes vistas de toda la ciudad.

Acabada la visita voy directo al río, atrochando colina abajo. Me dejo llevar por el cauce del Duero, atravesando el pasaje Soto Playa, con un parque con esculturas y zonas de descanso y recreativas.

Este paseo me lleva hasta la Ermita de San Saturio, o como la llamo yo, la Ermita del Super Mario, ya que parece una pequeña ermita a la que entras por una cueva, y, poco a poco, vas subiendo niveles o pasando pantallas, cada una más sorprendente que la anterior, hasta llegar la última etapa, una sala con unos frescos impresionantes.

Esta Ermita, situada en el Monte de la Animas, lugar de inspiración para Bécquer -el escritor, no el tenista- fue construida sobre la cueva en la que vivió Saturio en el siglo V.

Remonto ahora el río, pero por el otro margen, con destino al monasterio de San Juan del Duero, atravesando literalmente el Monasterio de San Polo, construido por los templarios para la defensa de la ciudad, y dejando a un lado el Puente Medieval de entrada a la ciudad.

El monasterio tiene un coste de 1€, lo que hace una entrada más que accesible.

El monasterio fue construido aprovechando una antigua ermita y también es de origen templario. Además, disponía de un hospital para los más necesitados.

Actualmente sólo queda en pie la iglesia, con dos templetes muy característicos y los arcos del claustro.

Al tener que llegar a la hora de comer al trabajo, aquí acabo mi visita, pero algo me dejé por ver en la capital y mucho en la provincia. Volveremos.

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